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ORACIÓN 841

Monday, March 10th, 2008

Un Joven Estilo Karate

Hace 10 años mi amigo, Mike Quintana de Fresno California, me invitó a un retiro espiritual para hombres en donde yo sería el conferencista sobre la oración. En el avión, le pedí al Espíritu Santo que me mostrara de qué manera debería orar por aquellos que deseaban oración. Me trajo a la memoria un evento de hacía 25 años. Mi amigo y colega el Dr. Jack Herd de Harrisburg, Pennsylvania era Director Internacional de FHINEC y me invitó para que yo diera mi testimonio en una reunión de su capítulo y para que lo acompañara a una convención en Washington, DC. El domingo después de la reunión me invitó a su iglesia porque tenían un orador especial. El invitado era pastor de una iglesia en Harlem, Nueva York.

Este hombre de Dios llamaba a la gente hacia el frente para orar por necesidades específicas. Una vez al frente, los colocaba en grupos según la necesidad más deseada. Entonces él imponía sus manos sobre la personal más al frente y todos caían unos encima de otros bajo la influencia del Espíritu Santo. Al ponerse cada uno de pie, alababa al Señor por suplir su necesidad. La iglesia siguió con el avivamiento a la siguiente noche, pero el pastor de Harlem no pudo llegar por la niebla gruesa de esa noche. Tanto mi amigo como su pastor me invitaron a que tomara el lugar del invitado. Yo tomé la unción del pastor de Harlem y después de la predicación oré por la gente en grupos también. Yo creo firmemente que si nos rendimos y permitimos que nuestras acciones sean controladas por el Espíritu Santo, Él podrá obrar grandes cosas a través de nosotros.

En Fresno oré por los hombres en grupos cada vez que se llamaba al altar. Todos estaban hambrientos por servir a Dios. Yo imponía las manos sobre una persona y todos caían bajo la influencia del Espíritu Santo. En la última reunión, noté que un joven nunca se perdía la oportunidad de recibir oración, estaba al frente del grupo. Acababa de salir de la cárcel y había sido salvo y lleno del Espíritu Santo recientemente. Como éste iba ser el último grupo que iba a recibir oración, les pedí que se acercaran más. En vez de imponer mis manos sobre el joven que estaba al frente, alcé la pierna y con mi bota de vaquero, empujé al joven. Debí haber brincado porque el joven era más alto que yo. Todo el grupo cayó bajo el Espíritu Santo y desde entonces me dieron el apodo del Joven Karate de Texas.

Terry H Peters, DC
Traducido por Gerri Iruegas-Peters
03052008