Un accidente automovilístico
En 1979 me acababa de mudar de Amarillo Texas a Fredericksburg, Texas para abrir un nuevo consultorio en este pueblo de 5,000 habitantes. Una noche salí a cenar en un restaurante en la calle Main del pueblo porque mi familia estaba fuera del pueblo. Esa noche estaba todo muy oscuro. Cuando manejaba por la calle un camión pick-up salió súbitamente del estacionamiento de una cantina. Me hice a un lado para no pegarle al camión y al frenar oí un ruido de golpe en frente de mi carro. Me detuve, me bajé del carro y vi a un hombre tirado en la calle donde yo acababa de pasar. Los policías vinieron y la ambulancia se llevó al señor. Una hora después me llamó un policía para avisarme que el señor había muerto.
Yo había estado orando en el espíritu santo y aunque la llamada telefónica me sorprendió, me sentía en completa paz en cuanto a esta situación. Vi que estaba una Biblia en un gabinete, la tomé mientras oraba por la sabiduría de Dios. Abrí la Biblia al Salmo 91 y sentí una paz que sobrepasa el entendimiento. Sabía que no había sido mi culpa. Nos enteramos después que el hombre era un alcohólico crónico. El señor había caminado hacia el carril donde yo manejaba.
El periódico semanal del pueblo puso un artículo detallando el accidente en primera plana. El escándalo pudo haber acabado con mi nueva práctica, pero ninguno de mis pacientes hizo mención del incidente. Lo que quiero recomendarles hoy es que si son afortunados o se encuentran en una situación desafortunada, sigan los consejos de Proverbio 3: 5-6: “Confía en el SENOR de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos y Él allanará tus sendas.
Terry H Peters, DC
Traducido por Gerri Iruegas-Peters
03122008